martes, mayo 11, 2010
Dijo Mirtias (un estudiante sirio
de Alejandría: bajo el reinado
de augusto Constante y augusto Constancio,
gentil en parte, y en parte cristianizado):
"Fortalecido con meditación y estudio,
yo no temeré a mis pasiones como un cobarde.
Mi cuerpo a los placeres entregaré,
a las delectaciones soñadas,
a los más atrevidos deseos amorosos,
a los lúbricos impulsos de mi sangre, sin
ningún temor, porque cuando quiera -
y tenga decisión, fortalecido
como estaré con meditación y estudio -
en los momentos críticos he de reencontrar
mi espíritu, igual que otrora, ascético".
Constantin Cavafis
jueves, mayo 06, 2010
Is it?
Yet, these pure powers of the medium are so intimately tied to the needs of our nervous systems that the trends of a civilization cannot simply undo them. There are still those flashes of genuine film imagery now and then. There is still the eloquence of authenticity in landscapes and streets, in catastrophe and beauty, and in the spontaneous truth of human behavior. Among our young people there is still the fascination with making and absorbing their own films.
Ann Arbor
jueves, abril 29, 2010
Las moscas

lunes, abril 19, 2010
IX El hombre de piedra
y cuando los abría ¿Pero qué hago? me decía cortándome la mano como una flor de tela Éste eres tú cortándote y ha llegado el punto de repartir tu vida entre los viajeros del tiempo los extraterrestres los fantasmas y los robots Pero los robots aún no los conoces hasta que existas
Cuando yo no existía y la Luna tan sólo necesitaba de poesía y poesía para seguir engordando y los caballos eran automóviles y los automóviles no pensaban Cuando olíamos la gasolina Y nos arrojábamos a toda velocidad con cajas registradoras al abismo
Mucho Antes Cuando yo no existía y mi hermana hacía cálculos desesperados en la computadora y se trababa la ecuación y aparecía mi rostro recitando este poema
Cuando yo no existía y los pasajeros de la micro me miraban escribir alucinadamente en las ventanas Y tú no eras Tú no hablabas Ni este era un monólogo sino que me habían incrustado un microchip con información secreta del futuro y tú agarrabas mi brazo y comenzaba a enumerarte el porvenir hasta quedar dormido Y cuando despertaba tan sólo me quedaban arrugas en la piel Y me inventaba cualquier teoría jalada del segundo digital
Antes Cuando yo no existía y había extraterrestres probando todas las drogas de la Tierra como imitando a los superhéroes de una película Antes cuando yo no existía y mi familia era pequeñas flores salpicadas en un arbusto salpicado entre los arbustos Me agachaba a oler una y me decía Cómo tan bidimensional la vida! Me arrancaba los cabellos a tirones Me levantaba la tapa del cerebro y me miraba a mí mismo desde otra dimensión a bordo de un OVNI Y la Tierra era una impresión monográfica una calcomanía en la ventana Ahí vivo yo le decía a los extraterrestres señalando América y ellos me decían Ahí vives congelado con una flor congelada Y yo les preguntaba por mi madre y mi madre me hablaba desde una pequeña bocina en el ombligo y escuchaba su voz que me decía Estoy muerta hijo o tal vez nunca te tuve pero nos une la estrella umbilical que llevas dentro Y yo lloraba y preguntaba sí acaso había nacido en este texto Dímelo! para saber si reírme o nunca parar de escribir y comenzar a arrancar las luciérnagas negras que todo el rato se me pegan como palabras
Antes cuando yo no existía y miraba el universo Me servía una copa y otra y otra y bebía sin remordimientos mirando la rueda de mis transformaciones despertaba crudo y pensaba mi sueño fue como … como … como no haber existido por una milésima de segundo Me han engañado con la muerte pero yo también puedo engañarlos con la vida
Porque antes que estuviéramos aquí Cuando yo no existía y me planchaba la cabeza y me lavaba el estómago y afuera de la casa bajaban los secuestradores pero en realidad eran flores negras cayendo de los hilos invisibles de los árboles Con un gis que tomaba del piso trazaba un círculo en la calle Un círculo donde nunca se podrá escribir nada adentro
y salía del círculo solar y volvía a abrir los ojos y pensaba Hace un rato muy breve Apenas una milésima de segundo Cuando yo no existía y miraba el universo Hundía mi cabeza entre las palabras
viernes, abril 16, 2010
miércoles, abril 14, 2010
4 Salíamos entre las ocho y las nueve de la noche mientras tú allá lejos Julián Herbert |
lunes, abril 05, 2010
sábado, marzo 27, 2010
Slave, coward and fearless
lunes, marzo 22, 2010
martes, marzo 16, 2010
domingo, diciembre 27, 2009
He was so completely carried away by this idea that everyone should participate in their joy that he went on talking for twenty minutes or more, roaming from one thing to another like a man sitting at the piano and improvising. He hadn’t a doubt in the world that we were all his friends, that we would listen to him in peace until he had had his say. Nothing he said sounded ridiculous, however sentimental his words may have been. He was utterly sincere, utterly genuine, and utterly possessed by the realization that to be happy is the greatest boon on earth. It wasn’t courage which had made him get up and address us, for obviously the thought of getting to his feet and delivering a long extemporaneous speech was much of a surprise to him as it was to us. He was for the moment, and without knowing it, of course, on the way to becoming an evangelist, that curious phenomenon of American life which has never been adequately explained. The men who have been touched by a vision, by an unknown voice, by an irresistible inner prompting – and there have been thousands of them in our country – what must have been the sense of isolation in which they dwelled, and for how long, to suddenly rise up, as if out of a deep trance, and create for themselves a new identity, a new image of the world, a new God, a new heaven? We are accustomed to think of ourselves as a great democratic body, linked by common ties of blood and language, united indissolubly by all the modes of communication which the ingenuity of man can possibly devise; we wear the same clothes, eat the same diet, read the same newspapers, alike in everything but name, weight and numbers; we are the most collectivized people in the world, barring certain primitive peoples whom consider backward in their development. And yet – yet despite all the outward evidences of being close knit, interrelated, neighborly, good-humored, helpful, sympathetic, almost brotherly, we are lonely people, a morbid, crazed herd thrashing about in zealous frenzy, trying to forget that we are not what we think we are, not really united, not really devoted to one another, not really listening, not really anything, just digits shuffled about by some unseen hand in a calculation which doesn’t concern us. Suddenly now and then someone comes awake, comes undone, as it were, from the meaningless glue in which we are stuck – the rigmarole which we call the everyday life and which is not life but a trancelike suspension above a great stream of life – and this person who, because he no longer subscribes to the general pattern, seems to us quite mad finds himself invested with strange and almost terrifying powers, finds that he can wean countless thousands from the fold, cut them loose from their moorings, stand them on their heads, fill them with joy, or madness, make them forsake their own kith and kin, renounce their calling, change their character, their physiognomy, their very soul. And what is the nature of this overpowering seduction, this madness, this “temporary derangement”, as we love to call it? What else if not the hope of finding joy and peace? Every evangelist uses a different language but they are all talking about the same thing. (To stop seeking, to stop struggling, to stop climbing on top of one another, to stop thrashing about in the pursuit of vain and vacillating goals.) In the twinkle of an eye it comes, the great secret which arrests the outer motion, which tranquilizes the spirit, which equilibrates, which brings serenity and poise, and illumines the visage with a steady, quiet flame that never dies. In their efforts to communicate the secret they become a nuisance to us, true. We shun them because we feel that they look upon us condescendingly; we can´t bear to think that we are not the equal of anyone, however superior he may seem to be. But we are not equals; we are mostly inferior, vastly inferior, inferior particularly to those who are quiet and contained, who are simple in their ways, and unshakable in their beliefs. We resent what is steady and anchored, what is impervious to our blandishments, our logic, our collectivized cud of principles, our antiqued forms of allegiance.
Henry Miller
sábado, diciembre 05, 2009
Manifiesto exiguo
No al nuevo cine, porque no hay uno
sólo repeticiones rimbombantes de caras conocidas
de historias contadas eternamente
de reflexiones enlatadas, pensamientos sardina
no a la ficción por la ficción
a la ficción efectista empapada de moraleja
a la cobardía por la autoría
a las historias intervenidas
pero tampoco al documental indigenista
del turista que se toca el corazón
engordando la billetera
no a la voz en off del Discovery
que hace de la narrativa una fabrica de salchichas
Syd Field empalado
bajo los huevos de Svankmaajer
a carcajadas de Harmony Korine
nunca la venta antes que el guión
nunca la alfombra roja al final de los créditos
si se puede
nunca la alfombra roja
los premios como pretextos no como objetivos
los desnudos también
no a la risa fácil ni al remake
siempre recordar que Iñarritu es un buen organizador, y nada más
el corto como recurso
los publicistas como la peligrosa puta que enamora
Reygadas no es Jesús, pero igual hay que rezarle
seguir la silueta panzona de Hitchcock es un privilegio
mejor seguir todas o ninguna
no abusar del casting de Teil puede ser elegante
así como alejarse de los Bichir, Diego y Gael
el cine no como televisión ni revista
ni como una niñera tetona y condescendiente
el cine como expresión útil
como rayos x
como semental
como ciudadano
La ficción como documental
El documental como ficción
historias coherentes al autor
y sobre todo
un autor en coautoría
de manos sin recelo
de egos conmovidos
Gaput craput – como ventana
No comprenderías mi soledad en la habitación
rompiendo espejos espejismos de despojo
después de una chaqueta o un café
o el vacío absoluto al respirar
Qué vas a comprender
si buscas en el resquicio de la traición
si pregonas la justicia y la honestidad
parada en pudín de chocolate
justificando al homo sapiens
con la frialdad aclaratoria de un escupitajo
Gaput caput, trin!
muerdes mi pelo desde tu sueño
Gaput craput
desapareces en silenciosa tempestad
Trapuk trin!
y mueres por siempre en el paralelo
existir, que da igual
Sobar la razón fue un delito
en el arco de la felicidad
- Jodiste todo!
Susurraste estridentemente al oído
mayo, 1996 – no nos conocíamos
enero, 2010 – no nos conocimos
la cama clavada a la pared
como crucifijo
como ventana
Buen muchacho
Él era el consentido de la maestra, iba en quinto de primaria. La maestra lo obligó a espiar al niño más lépero del salón, para reportárselo al director. El director, de rostro caído y orejas larguísimas, lo mandó a llamar a los dos días. Le pidió que le dijera al oído todas las malas palabras que había escuchado de su grosero compañero. Él se acercó y dijo tembloroso “nalgas”. El director lo tomó del brazo y le indicó que lo susurrara, sugiriendo sutilmente que tales palabras eran impronunciables en voz alta, sólo en voz alta. El niño puso sus pequeño labios dentro de la enorme oreja del director, y retomó la lista “nalgas, pito, pedo, puto, cabrón, pinche”. Qué niño! Exclamó el director, que después preguntó si también decía frases. El niño le dijo que no entendía a qué se refería con las frases. El director explicó que algo compuesto, más largo, un enunciado digamos. Como chinga tu madre? Respondió el niño. Justo así, ven, dime. Se volvió a acercar al director. El niño pensó por un tiempo mientras hacía un ruido parecido a un zumbido, apretando la boca. Chinga tu culo, vete a la mierda…no sé. Respondió el niño. Entonces el director le pidió, encunando sus enormes manos, que dentro de ellas le mostrara las groserías que hacía con la mano su compañero. El niño, temeroso, metió su mano en las del director, ahí le mostró la señal de pito y la de güevos. El director reprobó meneando la cabeza y con una exhalación fuerte. El niño sacó la mano de la cueva de falanges rápidamente, y dudoso le hizo el ademán característico de chinga tu madre. El director se mostró sorprendido y volteó a ver a la maestra, que presenciaba el acto desde el marco de la puerta. Agradeció a la maestra y, cual médico escribiendo su receta, firmó un reporte para el niño en cuestión, se lo dio a la maestra y delicadamente le dio unas palmaditas al niño espía. Buen muchacho.
jueves, noviembre 19, 2009
lunes, noviembre 09, 2009
Te regalaré un abismo, dijo ella,
pero de tan sutil manera que sólo lo percibirás
cuando hayan pasado muchos años
y estés lejos de México y de mí.
Cuando más lo necesites lo descubrirás,
y ése no será
el final feliz,
pero sí un instante de vacío y de felicidad.
Y tal vez entonces te acuerdes de mí,
aunque no mucho.
(fragmento de LOS BLUES TAOÍSTAS DEL HOSPITAL VALLE HEBRÓN)
Roberto Bolaño