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viernes, julio 17, 2009
jueves, julio 02, 2009
martes, junio 02, 2009
Ella no está
(diálogo)
L – ¿Bueno?
R- Qué pasó ¿No te despierto?
L - No, bueno, ya casi me iba a dormir. Estaba aquí haciendo unas cosas. ¿Ya se fueron todos?
R - Si, hace poco. Se acaban de ir los últimos, los tuve que correr, ya andaban bien pedos, además eran unos cabrones que ni conozco, ya ni supe quién los trajo…
L – Pensé que seguiría hasta el amanecer ¿Te metiste algo? Suenas alterado.
R - Pues…si, unas líneas inofensivas, nada grave.
L -Nada grave…
R – ¿Estás solo?
L – Si. ¿Por? (una mano femenina acaricia el rostro de L.)
R – Por nada, estaba pensando en ir a verte.
L – ¿Estás consciente de que son las tres de la mañana?
R – De todas formas sigues despierto.
L - ¿Para qué quieres venir?
R – No se…para platicar.
L – Podemos platicar por teléfono, además en la peda ni me pelaste.
R –Ya, no seas mamón, es sólo que tenía ganas de hablar con alguien sin necesidad de sonreír o decir salud cada cinco minutos.
L – No suena a que estés muy bien. Pero tampoco deberías manejar, no estás en condiciones.
R – He estado en peores y llegado más lejos.
L – Si quieres puedo ir a tu casa.
R – Las casas de fiesta son deprimentes cuando se vacían. El piso está pegajoso.
L – Mejor deberías de limpiar en vez de andar saliendo a estas horas.
R – Pero no quiero limpiar sólo, más bien el pedo es que no sé dónde está E.
L –¿Cómo? ¿Perdiste a tu esposa en la fiesta de tu propia casa? (L. recibe un silencioso beso en la frente, la mujer sale por la puerta)
R – Pues no está. ¿Sabes algo de ella?
L - ¿Yo? No, nada. Casi no platiqué con ella hoy. ¿Se pelearon?
R – No que yo sepa, aunque estuvo algo distante. La dejé de ver desde que te fuiste más o menos.
L – Pues no me dijo nada cuando me despedí de ella.
R – ¿No la viste con alguien más?
L – Estaba sola cuando me despedí.
R – Ya estoy medio preocupado cabrón.
L – Tranquilo, seguro regresa en un rato, sólo un malentendido.
R - ¿Pero a qué carajos saldría a las tres de la mañana?
L – ¿Ya viste si Miper esta ahí? Igual lo sacó a pasear. Igual se enojó de que andabas de coco. Igual te vio con otra vieja…
R – No creo, no me vio haciendo nada.
L – ¿Has escuchado del sexto sentido femenino?
R – Esas son pendejadas.
L – ¿Ya checaste si esta el perro?
R – Es lo que estoy haciendo, no lo veo.
L – Seguro que sacó al perro, además, si dices que andabas ahí haciendo mamadas.
R – No creo, más bien la dejé de ver desde hace rato, pensé que tal vez se había ido contigo.
L – No, para nada. ¿Por qué habría de estar conmigo?
R - A ver espérame, creo que ya llegó.
L – Ya ves wey, y seguro trae al perro.
R – Si, ya llegó, y efectivamente viene con el perro. Pues bueno, voy a ver qué pedo, disculpa las horas.
L – No es molestia, más bien buena suerte, a ver si no te toca chinga (L. cuelga y se tropieza con un tazón en el piso de la cocina, toma un vaso con agua y vuelve a la cama).
“Tráeme doscientos de mota y dos de las nuevas pastillas rojas” solicitó Roco al teléfono.
- Dos Dutos y doscientos de hierba. Quinientos en total mi hermano. ¿A las ocho en el bar?
- Ya estás, ahí nos vemos.
Duto era el nuevo producto que habían desarrollado los cárteles mexicanos, una pastilla de ingredientes ignorados pero efectos mitificables. Tenía unos meses de haberse esparcido por distintos sectores sociales, desde que el gremio del narco se había unido a nivel nacional la inversión en investigación y desarrollo de sus productos superaba al presupuesto de varios países, los resultados se veían en drogas más fáciles de esconder, con mejores y más prolongados resultados, bajos costos, reducción de efectos secundarios. Al poco tiempo ya era considerada por muchos la droga perfecta.
Roco había invitado a salir a una compañera de la Universidad, Regina. Habían pactado salir el viernes, probar un par de pastillas de Duto y dejar que la noche hablara por sí sola. Roco no estaba tan interesado en probar la novedosa droga, de hecho no era un consumidor asiduo pero la mujer le parecía muy atractiva, razón suficiente para experimentar. El plan había sido apalabrado el martes y a partir de ese día no pudo dejar de pensar en el asunto, las expectativas subían y bajaban por sus vértebras, el calendario se prolongaba con frsutrante e inusual parsimonia.
Roco llamó a Beto para que lo acompañara al bar. Beto ya había probado el Duto y tenía más experiencia en el trato con vendedores de drogas, quedaron de verse a las siete para tomarse unas cervezas previas a la transacción. Beto estudiaba Administración; aunque no le apasionara la academia asistía a clases para evitar el reclutamiento, la guerra contra el narco dejaba cada día más muertos, sobre todo del lado del ejército, y no parecía tener fin, llevaban así casi una decada y la desesperación en las filas verdes se hacía notar.
Antes de salir de casa, Roco no pudo contener la ganas de darle las buenas noticias a Regina Desde que obtuvo su teléfono se había sentido tentado a marcar o mandar un mensaje, aunque fuera para saludar, pero siempre se arrepentía al último segundo, no quería parecer muy insistente y ahuyentarla. Sin embargo, eran buenas noticias, merecían ser anunciadas. Temió de nuevo ser demasiado entusiasta, así que mando un mensaje en vez de llamar: Todo indica que este viernes será Duty free. Se sintió estúpido después de enviar el mensaje.
Regina lo llamó.
- ¿Ya los conseguiste?
- No, bueno sí, en eso ando, ahorita voy a ir por ellos, quedé a las ocho.
- ¿Dónde?
- En un bar, ahí me quedé de ver con el tipo que me las va a vender
- ¿Cuál bar?
- ¿Por qué? ¿Quieres venir?
- No, sólo pregunto, no me gusta lidiar con los vendedores, no me gusta su tipo.
- A mi tampoco. Quedamos en el Bar Mosca, en la esquina de la dos y la nueve.
- ¿No quieres que te vea para darte dinero?
- No, ya iba de salida, además estos van por mi cuenta.
Regina agradeció cariñosamente, aseguró que ya tenía ganas de que fuera viernes y le deseó suerte. Roco se sintió bien, creyó palpar el orgullo desde el profundo inconsciente de todo hombre al traer las provisiones a la casa, el instinto del cazador.
Debido a la llamada llegó con un retraso de unos cuantos minutos. Beto no estaba. Le marco varias veces sin éxito. Beto no era famoso por puntual así que no se preocupó y pidió una cerveza, sentado en la barra imaginó los muslos de Regina, tal vez sonrió en ese momento pero nadie lo vio, al cabo de dos cervezas más y un cigarrillo en la banqueta asumió que tendría que lidiar solo con el vendedor.
Había poca gente en el lugar, desde que se habían regularizado los toques de queda la gente ya no salía mucho. Sólo había una mesa más con tres hombres morenos de mediana edad vestidos con trajes negros. Roco se sentía incómodo bebiendo solo, le atribuía a su condición la sensación de ser observado, Aún así esperó hasta las ocho; volteaba a ver su reloj con frecuencia y salía a la calle a asomarse ocasionalmente con un cigarro apagado en la boca. Desde la entrada del lugar veía con ilusión luces de autos que podían ser de Beto, pero no lo eran. También pensaba que en algún momento tal vez Regina podría aparecer, como una sorpresa, pero eso tampoco sucedió.
A las ocho y cuarto los tres hombres se le acercaron con serenidad, “¿Rodrigo Rodríguez?”. Roco asintió con la cabeza.
- Sí. ¿Por?
- Ya sabemos qué estás buscando pinche chamaco, vas a tener que acompañarnos.
El viernes, varios diarios mostraban entre sus páginas: “Denuncia civil recompensada: reciente táctica en Guerra contra el Narco”. Roco nunca volvió a ver ni a Beto ni a Regina.
jueves, mayo 21, 2009
Henry Miller
La constante interrogante acompañada de juicio de los aún vivos, los siempre vivos. Injusto ese juicio al que se enfrentan los suicidados que ya no se pueden defender por propia boca. Los vivos sobrevaloran lo único que tienen, por temor o ignorancia, o ninguna de las anteriores, el ser en vida suele carecer de interés profundo a rechazar lo único de lo que cree tener control, la única decisión que puede hacer, o sí, tal vez, la mejor huida de una deuda bancaria o una enfermedad terminal. Algunos los acusan de evadir la realidad, cuando son los que en determinado momento puedan sentir más sed de descifrar lo que esto significa; las engañosas estadísticas aunadas a la confusa ficción, los matizan entre jóvenes en desamor o ciudadanos de países súper desarrollados que tienen garantizado un subsistir cómodo; es decir: cada suicida es su propio tipo de suicida, esto no los hace particularmente especiales, seguramente vuela por ahí más de una tesis que encuentre sus coincidencias, interesantes seguramente. Aunque igual o más interesante son sus variaciones. Desde el tipo que se dejó llevar por la desazón y se bajó por la garganta una botella de Drano, hasta Jorge Cuesta y su fin en Tlalpan, pasando por un sinnúmero de celebridades, desconocidos, jóvenes, viejos, hombres, mujeres y sobre todo: razones. Los suicidas no sólo escapan sino que prevén, como George Eastman Kodak, que en su nota de despedida escribió ‘Mi trabajo se ha hecho ¿Por qué esperar?’ aunque murió viejo, lo cual hace que su nota haya perdido fuerza. Otro tipo es el que se devota a un lento proceso deliberado, lento en comparación con el tiempo de diferencia entre el techo y el suelo, pero igual acelerado y sobre todo, deliberado, que es lo que sigue convirtiéndolo en suicidio. De este tipo hay los que prefieren el trago, otros el humo, otros cuantos cosas más fuertes y otros de plano una combinación alternada de todo, a veces esta variedad parece apostarle a la sonrisa efímera en el proceso, a veces todo lo contrario. Lo que también es cierto es que al suicida se le ha sobrevalorado, por la simple razón de que comete algo que en el fondo cualquiera llega a considerar, aunque no siempre lo acepte. Es comprensible pues, ponerle altares al que murió románticamente con la escopeta en la boca o las venas derramadas, de ser posible, en una bañera por eso de la estética. Altares de otro tipo, le otorga Roberto Bolaño a algunos suicidas latinoamericanos:
…tenemos suicidas ejemplares. Pienso en Violeta Parra, que compuso algunas de las mejores canciones de nuestro continente y […] se descerrajó un balazo junto a la carpa en donde cada noche cantaba y aullaba. Pienso en Alfonsina Sorni, la mujer más talentosa de Argentina, que se ahogó en el Río de la Plata. Pienso en Jorge Cuesta, escritor mexicano y homosexual, que antes de meter la cabeza en una bolsa, se enmasculó y clavó sus testículos en la puerta de su dormitorio, como un último regalo no correspondido. Estos suicidas ejemplares y sus hermanos gemelos, los que permanecen bajo la tormenta (entre otras cosas no porque les guste permanecer allí sino porque no tienen otro sitio adonde ir), hacen pensar que no todo está perdido, como la ola de neoliberalismo y el nuevo rebrote clerical pretenden elevar a categoría de dogma…a los innumerables asesinados por la represión hay que añadir a los suicidados por la razón, a favor de la razón, que es también el lugar donde vive el humor.
Para el Estado es la pregunta sin resolver, las letras más pequeñas del contrato que con asterisco evidencian las grietas del sistema jurídico: no sabemos que hacer con los suicidas por que no podemos castigarlos. Sin embargo legalmente sigue siendo un homicidio, de ahí lo absurdo como una ley antitabaco que parece decir ‘incluso le prohibimos matarse’. Por supuesto que al suicida poco o menos le importa que le prohíban sus planes. Los propios grupos humanos son suicidas que, como a los políticos, soplones y policías mexicanos: los suicidan, sólo que a los bloques de civilización humana los va suicidando el tiempo. Para considerarlo es necesaria una especie de alegórica comparación, pues en otras especies animales existen casos de suicidios masivos, hay registro de sesenta ballenas estrellándose contra las rocas con singular movimiento de apariencia voluntaria, una especie de brinquito que da el que se hace un nudo para meter el cuello pero con otros cincuenta y nueve simultáneamente; en la categoría individual (la más recurrente entre los nuestros) existen casos mitificables y mitificados, como los hipocampos o caballitos de mar, que se dejan morir cuando su pareja los deja, o una especie de cóndor monógamo que se deja caer desde las alturas cuando muere su pareja. Aunque difícil de creer, existe una extensa cantidad de casos de mascotas que se dejan morir ante la pérdida de un ser cercano, como el perro al que le hicieron una estatua frente a un cementerio en Edimburgo, que al morir su dueño, lo siguió a la lápida y se dejó morir a su lado.
El suicidado será siempre una interrogante para el que se queda, como la madre soltera que espera por su esposo que salió a comprar cigarros hace treinta años, el vivo se cuestiona si el que se adelantó recibirá su castigo en el otro mundo que teme pero ansía ver, o sobre todo, teme pero ansía creer en él. Resulta natural pensar en la capacidad de suicidio en otras especies, al fin y al cabo es relativamente fácil pensar en un mayor tormento y desesperanza de un perro callejero en Yucatán o un chimpancé de circo. Basta con menos de lo que aparenta para convencer a cualquier vecino de que la vida es de repuesto, común y sobrevalorada, y tal vez podría costar lo mismo o menos convencer al suicida en potencia de lo contrario, y ésta puede que sea la razón de la congoja de sus familiares cercanos al que, posiblemente, le guarden mucho rencor u odio, igual comprensible. No obstante mucho más ensalzado que el común panegírico que Julio Torri atribuyó a la oratoria fúnebre. Esto refiere a otra de las pocas garantías del suicidado, se le convierte en una especie de leyenda, la muerte poco ortodoxa, esto puede variar si uno vive en una época en la que el suicidio esta en boga, en ese caso seguramente será mayor leyenda el que fue partido por un rayo.
Como sea, el suicidio suele ir cargado de una lección, de una metáfora o ironía, si bien logrado el hecho puede tener un significado, es una muerte particular que deja más de lo que deja una común y corriente, una natural. Aunque, si se es lo suficientemente quisquilloso, cualquier muerte puede incluir algún buen significado. He ahí lo complejo del suicidio, he ahí lo vital y necesario que resulta a un sistema de vida basado en la muerte, he ahí la importancia de que el oro no es oro, sino una piedra que lleva el fluir del río.
sábado, abril 25, 2009
viernes, marzo 27, 2009
martes, marzo 10, 2009
El crápula perdido
En este negocio el que no es poeta o novelista de tercera persona se quedó colgado del trapecio en el aire fuera del circo. Qué más da. ¡Cómo va a saber un pobre hijo de vecino lo que están pensando dos o tres o cuatro personajes! ¡No sabe uno lo que está pensando uno mismo con esta turbulencia de cerebro va a saber lo que piensa el prójimo! ¡Al diablo con la omnisciencia y la novela!
Fernando Vallejo
Hace falta una especie de Henry Miller mexicano. Claro, está Fernando Vallejo, que no es mexicano pero aquí vive y en algo se le puede parecer, pero no basta. Hace falta un escritor mexicano que sea muy sexual, si se puede homosexual mejor, que sea un gran argumentador anticlerical, antigubernamental, antifamiliar; que repudie la reproducción, los días feriados, los millonarios mal habidos, los jodidos pedinches, el narcotráfico, el rancio nacionalismo, la concentración mediática, las megaurbes, el campo idealizado, el PAN, el PRI, el PRD y los demás, el centralismo, el provincialismo, el analfabetismo, la moral latinoamericana, los hipócritas discursos mediáticos, políticos, civiles e individuales, que esté enojado pues, incluso consigo mismo. Que sus críticos de mentes encandiladas lo tachen de misógino, de vulgar, de anárquico, de fascista, de comunista, de pornográfico, de escandaloso, de inconveniente, de indecente, de indecoroso, de burlón, de exagerado, de pesimista, de existencialista, de malinchista, de pretencioso, de envidioso, de resentido, de irrespetuoso y por supuesto, de puto.
Hace falta un Miller o un Vallejo que hablen desde el ‘yo’ sin miedo, que su ficción no viva en la tercera persona de un pueblo reemplazable de cualquier país latinoamericano, es más, que su ficción no parezca ficción. Que sus personajes no se basen en arquetipos regionales: la puta, el padre, el presidente, el asesino; esos ya nos los sabemos. Que denuncie desde el ‘yo’ todo lo que le sucede alrededor, que material no le faltará. Que no acepte premios ni le de la mano al presidente, al contrario, que lo mande a la chingada y sea coherente. Que de viejo no reciba homenajes, o mejor aún, que no llegue a viejo y muera de alguna enfermedad de transmisión sexual, de algún vicio exagerado o de un suicidio solitario. Pero que antes de eso no sea ni embajador, ni agregado cultural, ni rector, ni parte del consejo de Letras Libres. Que no se desgaste intentando estar en los banquetes de intelectuales y artistas, si se puede, que no crea en estos términos. De preferencia, que no sea ni del DF, de Guadalajara o Monterrey y si lo es que no sea de sus centros ni de sus colonias ricas. Que si lo entrevistan para la televisión le teman, o que ni siquiera lo quieran invitar. Que sus padres no sean ni adinerados, ni escritores, ni famosos ni se autodenominen artistas. Que publique por montón y que sea versátil: que brinque del cuento a la poesía sin dejar de ser igual de enérgico. Que no respete a Borges ni a Rulfo ni a Paz ni a García Márquez ni a Fuentes ni a Cortázar. No que tenga algo en contra de ellos, o tal vez sí contra más de uno, pero que no tenga el más mínimo interés en seguirlos reproduciendo.
Un escritor que en sus novelas de primerísima persona no tema mencionar los nombres de sus familiares y conocidos, que no limite la explicitad de sus encuentros sexuales, que no disimule su sentir. Vaya, un escritor mexicano que no se autocensure, ni por su moral, ni por sus conocidos, ni por una convocatoria, ni por dinero, mucho menos por su editorial o su mujer (u hombre). Pero sobre todo, que no se autocensure por miedo.
Un autor que se defienda por si solo, sin generación, sin ‘boom’ ni ‘crack’ ni nada. Que esté consciente de sí mismo, de la historia, de la naturaleza, de la suya y la de su país. Que se ría de todo, pero no como alternativa nerviosa sino con humor deliberado, a veces negro a veces rojo, sin caer en el albur fácil ni en la ironía inmediata. Que no escriba sobre la Revolución Mexicana a sus cien años. Que no le tema a la muerte. Que no por ser el Miller mexicano intente imitarlo a toda costa, o más, que deteste esta burda comparación.
sábado, enero 31, 2009
Ella, sus teclas, nuestra relación
El primer contacto que tuve con una computadora fue hace más de diez años, tal vez más de quince. Yo era un niño y la pantalla negra con recuadros parpadeantes en luz anaranjada no me parecía tan nueva ni impresionante: nada que no hubiera visto en la televisión. Resultaba lógico que consiguiera con su debido tiempo, los productos que aparecían en pantalla. Conseguir una computadora había sido cuestión de tiempo y ahora estaba frente a mí, como la de Batman o la de Zabludowsky: un teclado rígido, carcasa plástica gruesa que contenía una pantalla negra, sólo variaban los tonos de las luces parpadeantes: blanca, amarilla, algunas pocas incluso verdes, pero la mía era naranja.
El lenguaje para comunicarse con estos armatostes era complejo, muchos ‘//’ y ‘--‘, muchos puntos y palabras abreviadas al más estilo gringo. Que no es inglés precisamente, sino el resultado de una sincera tradición por abreviar las palabras. Ni siquiera recuerdo las operaciones o actividades mentales artificiales que era capaz de ejercer el aparato. Sólo recuerdo una: un código de casi dos renglones que mostraba a Madonna enseñando una chichi. Lo memoricé, al darle ‘enter’, la tecla más gorda, iba apareciendo la cantante que tanto le gustaba a mi tía la más joven y a mi prima la más grande, de abajo a arriba con un bip por cada centímetro subido, y enseñándome su seno en pixeles anaranjados. Ahí comenzó la relación con la computadora.
Desde ese día su forma ha cambiado y diversificado, sus funciones son más complejas; el contenido de su pantalla ha rebasado al de la televisión, ayudó sin duda a que me despidiera de esa otra máquina, estúpida niñera boba, perra adictiva. Recuerdo buena parte de mi infancia y adolescencia frente a ella, consciente del desperdicio de oxígeno que generaba, sí, pero hipnotizado auténticamente. En fin, eso le agradecí al ‘ordenador’, castizo término que resulta más apropiado para la relación que con este se ha ido desarrollando. Ordenador.
Absorbe mis textos, mis fotografías, mi música, mi vida privada limitante con mi vida pública. Maneja un doble discurso, aparenta sencillez y una blancura en su buscador por excelencia, imponente ventana al universo humano: Google. Pero cuando el servidor presenta sus ‘Términos’, más bien parecen el contrato de venta de alma, letras pequeñitas y dos cuadritos para dar click, aceptas o no.
Varias veces he considerado seriamente hacer el intento por borrar mis identidades virtuales. En algunos casos lo he logrado. Pero en su mayoría me cuesta trabajo, borrarlas sería como quemar un álbum de fotos, y no me molestan las fotos sino el álbum, galería pública sin control, no depende de mí quien las muestra ni quien las ve, mucho menos de cuales son expuestas. Galería que rebate a mi memoria.
Mi padre se queja de mi madre por dedicar más tiempo en teclado y mouse que en él, pero recibo de su parte a veces cinco cadenas diarias, a veces más. Reenvío infinito de letrillas corriendo por montones en el mundo. En distintos idiomas. Más o menos diciendo lo mismo una y otra vez.
En contrapeso se puede agradecer que pueda encontrar una receta extravagante para cocinar pasta en tan sólo segundos, que los académicos se den de topes al hacerlo instrumento básico de estudios y recibir en cambio, la mayor cantidad de plagios en su historia, resulta maravilloso ver videos sobre gente haciendo el ridículo en distintas partes del mundo, nido de los espontáneos y brevísimos famosos contemporáneos. Un sin fin de posibilidades ofrece la computadora: ver a gente de todo el mundo follando en todas las posiciones imaginadas, tener conversaciones innecesarias con personas desconocidas que se presentan con una foto chiquita y un cuadro de texto, conseguir música gratis, a veces por el simple hecho de conseguirla, dejar de comprar el periódico, revistas o incluso comprar presencialmente. Dejar de usar el teléfono, de prender el televisor o la radio, de ir al cine, de salir a la calle. Dejar de abrir un libro. Pero sobre todo, lo que logra la máquina, es dejar una sensación de que todos ven los mismos videos, escuchan la misma música, leen las mismas noticias, se la jalan viendo el mismo porno, y al mismo tiempo.
Por abierta y libre que parezca la red, si en China tecleo el nombre de un activista/preso político en el buscador, la máquina que usé se bloquearía y en poco tiempo llegaría algún representante del estado a indagar sobre mi búsqueda. No hay que olvidar que al fin y al cabo, esto que nos interconecta es tecnología militar. Tan noble toda ella.
Lo más curioso es la interdependencia del uno con el otro, nos parecemos cada vez más a nuestras máquinas y viceversa, las relaciones de pareja se confirman y anuncian virtualmente, si no, no son oficiales, somos nuestra foto de perfil, nos avalamos en el resultado de la búsqueda de nosotros mismos. Somos lo que ellas dicen que somos, y si no, no somos. Cada vez nos convertimos más el uno en el otro. Poco ayuda mi sensible paranoia general, mucho menos ayuda leer a K. Dick:
Así que nosotros y nuestras elaboradas computadoras en evolución podríamos toparnos el uno al otro a la mitad del camino. Algún día un ser humano, llamado tal vez Fred White, pueda dispararle a un robot llamado Pete Something-u-otro, quien ha salido de una fábrica de la General Electric, y para su sorpresa lo ve sufrir y sangrar. Y puede que el robot moribundo dispare en defensa, y para su sorpresa, vea una corriente de humo gris saliendo de la bomba eléctrica que suponía ser el corazón latente del Sr. White. Sería un gran momento de verdad para ambos
Con esto echo a andar las posibilidades, tal vez Michael Jackson sea un robot, Carlos Fuentes, Slim, Obama, Palou. La lista es infinita. Si lo fueran, mi percepción no cambiaría mucho de ellos. De alguna forma no dista tanto la función humana que la de la computadora, más de unos que de otros. Herramientas públicas, condicionadas, controladoras, renovables. Así pues, le entrego el texto al disco duro. Que se lo trague para que luego lo escupa a la red. Para todos ustedes.
jueves, enero 22, 2009
Prólogo conclusivo
No soy un texto. Soy materia en descomposición, digestión de pensamientos de otros, transición cíclica, punto de una línea. Si fuera un texto ya estaría muerto. Aunque, de alguna forma, probablemente ya lo esté.
Soy producto de la suburbia gris, limbo sobrepoblado que orbita la megaciudad. Quimera clasemediera frustrada entre fábricas y centros comerciales, eso es todo lo que hay, corredores industriales adheridos al periférico interrumpidos de vez en cuando por paraísos del consumo: cines con carteleras repetitivas, trapos carísimos.
Vías rápidas convertidas en estacionamientos diurnos. Los sueños de una generación de migrantes mediocres se desmoronan alrededor, migrantes que fueron al norte inmediato, el que empieza después del campo militar número 1, del recién demolido Toreo, de unas espantosas torres coloridas que en principio fueron contenedores de agua y ahora son basureros, lienzo de grafiteros sin talento. Estas vialidades son la galería demográfica de nosotros, los que salieron por que quisieron y los que no, los que ahí les tocó cuando llegaron, los dormitorios masivos, las interminables filas de autos.
Hace veinte años viví feliz allí. Un parque con ciervos en cautiverio. Un río vivo y veloz. Mi casa en las alturas de un cerro, su vista al inmenso manto de luces que se fue ampliando sin control. Mis amigos en los parques, en las banquetas amplias de las zonas residenciales, en los centros comerciales de cielos artificiales. La vista desde los seguros hombros de mi padre, sus bromas picantes, sus manos grandes; mi madre y su dulce voz, mi madre y sus brazos que congelan el tiempo y desaparecen el espacio, mi madre embarazada y mi hermano. Y en los fines de semana: la ciudad. La ciudad con sus luces, sus universidades, sus teatros y restaurantes lujosos, sus cruces peatonales. Como pocas veces, los urbanistas fueron acertados al bautizar la zona, Ciudad Satélite. Girando alrededor de algo a lo que no pertenece. Interdependencia sistémica. Alienada población trabajadora entre arribismo burdo y conformismo obligado.
El autor da una calada al cigarrillo y exprime a la memoria. Considera que hablar sobre su felicidad resulta aburrido y genérico, lo confunde esta razón, tal vez crea esto porque ahora es feliz, pero no se atrevería a afirmarlo por la posibilidad de perderlo. “La palabra crea para después destruir” piensa.
La inocente felicidad se desvaneció cuando tomé el volante, cuando me volví parte de esas luces que veía desde el cerro. En ese advenimiento me convertí en una sombra, una persona sin identidad, ni chilango ni mexiquense, ni citadino ni provinciano. Pero eso sólo me importaba a mí. Mis amigos estaban muy preocupados por ver quién aguantaba más tequilas mientras yo sentía que aquello era un escenario triste, la cena insaciable del condenado a muerte.
No culpo a mis padres, al fin y al cabo ellos huyeron de barrios que ahora asemejan más a una favela que al escenario feliz de sus infancias. En realidad no culpo a nadie más que a mí, por desear otra tierra, por no hablar jactancioso de mi localidad, por sentirme aislado de mis conurbanos, por disconforme.
La culpa lo persigue desde siempre, cree que ella es quien lo ha expulsado, culpa de no sentirse culpable, culpa de no merecer, de no hacer por tener, de hacer y dejar de hacer. Por eso detesta entrar a una iglesia, la parafernalia católica no hace más que inculpar, como la ley, como el otro.
Desarraigo suburbial
No tardé mucho en salir. Apenas terminé la preparatoria emprendí una búsqueda de la residencia óptima, el espacio del que hablaría como si fuera mi casa. Creí que eso sería posible. Me despedí de las mujeres de mi adolescencia, fui a los lugares que alguna vez habían sido escenario de mi felicidad, fumé a un lado del río ahora seco, del parque sin ciervos, del panorama de luces citadinas. Me despedí de familiares y amigos, sabiendo que a partir de ese día sería un visitante en lo que alguna vez fue mi casa.
No volví a encontrar una casa, desde que salí hice una o dos mudanzas al año, reduje mi equipaje a lo elemental y me acostumbré a decir adiós. He llamado por cobrar desde Londres y Moscú para establecer conversaciones superficiales sobre mi estado “estoy bien”, “hace frío”, “aquí son las dos de la mañana”.
Cholula, Puebla.
Provincianos jóvenes y adinerados, foráneos rubios con ropas chiapanecas, bicicletas salvajes, perros dueños de calles adoquinadas, cholultecas discretos. Entre rentas bajas y colegiaturas desmesuradas pasé mis estudios universitarios. Desilusión académica. Aulas reculas e individuos aún más. Gobernantes feudales de ciudadanos convenientemente olvidadizos. Inconformidad continua, exacerbada. ¿Justificada?
El autor suspira y piensa en sus momentos de conformidad: en los muslos desnudos de su mujer, las sobremesas en un restaurante con sus padres y su hermano, cuando fumó marihuana por primera vez y equivocadamente la mezcló con el tequila más risueño, en ella y sus senos, en ella y su apasionada discusión, en ella. “Que efímera es mi conformidad”. Este pensamiento lo incomoda, lo acongoja.
Si fuera un texto estaría incompleto. Sería la introducción de un personaje en búsqueda del hogar. Podría haber una reflexión por cada lugar que el personaje haya pisado, por la mujer que ha amado, por las otras tantas que temporalmente lo cautivaron, de amistades evaporadas con el humo, de los momentos de rabia, de una paliza recibida en un parque inglés o de un taxista que lo anestesió y robó en San Petersburgo, del odio que siente por la policía mexicana y su clase gobernante. Si el autor pretendiera ser conclusivo podría escribir sobre el regreso a la suburbia, ser un extraño en casa y un fantasma con sus amigos, de la tristeza de ver que nada cambia y que si cambia es en conjunto, no como él, no con él. Pero este es un texto incompleto, por que el personaje es joven e inmaduro. No está incompleto por que no tenga final, sino porque el desarrollo es inexistente. El final existe, el personaje no encuentra su casa, la perdió para siempre cuando tomó el volante, cuando dijo adiós y se acostumbró a ello, luego muere, y con eso, el personaje finalmente es texto. Mientras tanto: no soy un texto.
miércoles, noviembre 19, 2008
Dentro de este campo visual, más allá de lo evidente, existe una facción más íntima que sólo se asoma si la ocasión o el propio individuo lo permite, es la importante y, no tan sencilla, lectura entre lineas de la carta de presentación: la dentadura. Una hilera de sólidos cadetes que, a primera instancia, tienen la vital función de triturar, aunque en realidad ocntengan tanta información como el conjunto facial.
La importancia del asomo más evidente de la estrucura ósea es tal, que en el ahora existe una gran preocupación de su corrección estética, importante recalcar esta parte para no incluirlo en los servicios públicos de salud de los estados supuestamente más avanzados o, como los colmillos, los más incisivos.
Mientras borran la esencia dental del individuo, los dentistas abogan por un orden militar en la boca, filas perfectas, blancas y simétricas que no hacen más que hablar de lo espantosa que puedo haber sido la sonrisa de esa persona antes de invertir su dolor, dinero y tiempo en la alientante corrección.
Abogemos pues, por la dentadura maltrecha del vagabundo, los valientes dientes frontales de la secretaria que se arrojan para embarrarse de labial, las piezas oscurecidas que el fumador se labró calada a calada, las ventilas bucales del mecánico al que apodan 'el comepiedras'. Abogemos por la vuelta de la identidad dental para empezar, y no sigamos reforzando la mordida del borrego civil.
.saludos
domingo, noviembre 09, 2008
lunes, noviembre 03, 2008
...All my life things had worked all right – in the end. It wasn’t in the cards for me to exert myself. Something had to be left to the Providence – in my case a whole lot. Despite all the putward manifestations of misfortune or mismanagement I knew that I was born with a silver spoon in my mouth. And with a double crown too. The external situation was bad, admitted – but what bothered me more was the internal situation. I was really afraid of myself, of my appetite, my curiosity, my flexibility, my permeability, my malleability, my geniality, my powers of adaption. No situation in itself could frighten me: I somehow always saw myself sitting pretty, sitting inside a buttercup, as it were, and sipping the honey. Even if it were flung in jail I had a hunch I’d enjoy it. It was because I knew how not to resist, I suppose. Other people wore themselves out tugging and straining and pulling; my strategy was to float with the tide. What people did to me didn’t bother me nearly so much as what they were doing to others or to themselves. I was really so damned well off inside that I had to take on the problems of the world. And that’s why I was in a mess all the time. I was trying to live out the world destiny. If I got home of an evening, for instance, and there was no food in the house, not even for the kid, I would turn around and go looking for the food. But what I notice about myself, and that was what puzzled me, was that no sooner outside and hustling for the grub than I was back at the Weltanshauung again. I didn’t think of food in general, food in all the stages, everywhere in the world at that hour, and how did it was gotten and how it was prepared and what people did if they didn’t have it and how maybe there was a way to fix it that so everybody would have it when they wanted it and no more time wasted on such an idiotically simple problem. I felt sorry for the wife and the kid, sure, but I also felt sorry for the Hottentots and the Australian bushmen, not to mention the starving Belgians and the Turks and the Armenians. I felt sorry for the human race, for the supidity of man and his lack of imagination. Missing a meal wasn’t so terrible – it was the ghastly emptiness of the street that disturbed me profoundly. All those bloody houses, one like another, and all so empty and cheerless looking. Fine paving stones under foot and asphalt in the middle of the stoops to walk up, and yet a guy could walk about all day and all night on this expensive material and be looking for a crust of bread. That’s what got me. The incongruousness of it. If one could dash out with a dinner bell and yell “Listen, listen people, I’m a guy what’s hungry. Who wants shoes shined? Who wants the garbage brought out? Who wants the drainpipes cleane out?” If you could only go out in the street and put it to them clear like that. But no, you don’t dare to open your trap. If you tell a guy in the street you’re hungry you scare the shit out of him, he runs like hell. That’s something I’ve never understood. I don’t understand it yet. The whole thing is so simple – you just say Yes some comes up to you. And if you can’t say Yes you can take him by the arm and ask some other bird to help you out. Why you have to don a uniform and kill men you don’t know, just to get the crust of bread, is a mystery to me. That’s what I think about, more than about whose trap it’s going down or how much it costs. Why should I give a fuck about what anything costs? I’m here to live not to calculate. And that’s just what those bastards don’t want you to do – to live! They want you to spend your whole life adding up figures. That makes sense to them. That’s reasonable. That’s intelligent. If I were running the boat things would be so orderly perhaps, but it would be gayer, By Jesus! You wouldn’t have to shit in your own pants over trifles. Maybe there wouldn’t be macadamized roads and streamlined cars and loudspeakers and gadgets of a million billion varieties, maybe there wouldn’t even be glass in the windows, maybe you’d have to sleep on the ground, maybe there wouldn’t be French cooking and Italian cooking and Chinses cooking, maybe people would kill each other when their patience was exhausted and maybe nobody would stop them because there wouldn’t be any jails or any cops or judges, and there certainly wouldn’t be any cabinet ministers or legislatures because there wouldn’t be any goddamned laws to obey or disobey, and maybe it would take moths and years to trek from place to place, but you wouldn’t need a visa or a passport or a carte d’indetité because you wouldn’t be registered anywhere you wouldn’t bear a number and if you wanted to change your name every week you could do it because it wouldn’t male any difference since you wouldn’t own anything except what you could carry around with you and why would want to own anything when evertyhing could be free?
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Henry Miller
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Tropic of Capricorn
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280 - 282
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.saludos
miércoles, octubre 15, 2008
Espero un fin inminente,
del efímero respiro,
que constantemente estiro,
en un reflejo inconsciente.
Espero con ansia el final,
en la desazón existencial,
que en la pronunciación de la
palabra
pare a la realidad.
Mas que es la realidad,
sino un rincón de cucarachas,
que se devoran las antenas
para impedir sonoridad
del eco vacío que condena.
Espero el fin inminente,
sentado al borde de tu ser,
que me escupe de frente
para en saliva fallecer.
miércoles, agosto 20, 2008
Leaves floating in a blue screen turn dust in the table of a light room full of life, push down the throat the reminding perpetuity of the fly, waiting, observing, misscomprehending, ejaculating, watching, thinking, eating, shiting, praying, changing, adapting, laughing, crying, but most of all and going back to the point, waiting, waiting with absurd, ridiculous, ansious patience, waiting to follow the fall of their fellow leaves that will either be absorbed by the ground or be ashes. Put back the ash with the rest of the leafs or blow it through you teeth. Ffoooohh! Leaves floating. A leaf floting.
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jueves, julio 24, 2008
¡Alabada sea la duda! Les aconsejo que saluden
cordial y atentamente a aquél
que pone a prueba su palabra como falsa moneda.
Quisiera que fueran sabios y no dieran
su palabra con demasiada confianza.
Lean la historia y vean
huir en desbandada a ejércitos invencibles.
En todas partes
se deruumban fuertes indestructibles y
aunque la Armada invencible al partir era incontable
las naves que volvieron
sí que podían contarse.
Así es como un hombre subió un día a lo alto del monte inaccesible
y un barco llegó al confín
del infinito océano.
¡Oh que hermoso es sacudir la cabeza
ante la verdad indiscutible!
¡Oh valiente curación del médico
en el enfermo completamente desahuciado!
¡Pero la más hermosa de las dudas
es cuando los débiles y desanimados alzan la cabeza
y en la fuerza de sus opresores
ya no creen!
¡Oh cuánto trabajo costó combatir ese dogma!
¡Cuántas víctimas ha costado!
¡Y que difícil resultaba ver
que esto es así y no de otra manera!
Suspirando de alivio lo escribió un hombre un día en el libro
de notas del saber.
Tal vez siga escrito en él mucho tiempo y muchas generaciones
vivan con ello y lo vean como verdad eterna
y desprecien los informados a quienes no lo sepan.
Y luego puede suceder que surja una sospecha, que nuevas
experiencias
hagan sospechoso ese principio. Se alzarán dudas.
Y otro día tachará el hombre en el libro de notas del saber
prudentemente aquella frase.
Rodeado por los aullidos de las órdenes, examinada
su aptutiud para el servicio de doctores con barba, inpseccionado
por seres relucientes con doradas condecoraciones,
amonestado por curas solemnes que le sacuden los oídos con
un libro escrito por Dios mismo,
instruido
por maestros de escuela sin paciencia, está el pobre y escucha
que el mundo es el mejor de los mundos y que el agujero
del techo de su habitación ha sido planeado por Dios mismo.
Realmente, le resulta difícil
dudar de este mundo.
Bañado en sudor se inclina el hombre que construye la casa en
la que no ha de vivir,
pero también se mata a trabajar bañado en sudor el hombre que
construye su propia casa.
Son los irreflexivos los que nunca dudan.
Su digestión es brillante, su juicio es infalible.
No creen en los hechos, sólo creen en si mismos. En caso de
necesidad
tienen que creer en ellos también los hechos. Su paciencia con-
sigo mismos
es ilimitada. Los argumentos
los ecuchan con oído de espía.
A los irreflexivos, que nunca dudan,
se oponen los reflexivos, que nunca actúan.
No dudan para llegar a una decisión, sino
pára evitar una decisión. La cabeza
la utilizan sólo para menearla. Con gesto serio
advierten a los pasajeros de las naves que se hunden en los peligros
del agua.
Bajo el hacha del asesino
se preguntan si no hay también un ser humano.
Refunfuñando una osbervación
sobre que el asunto aún no está del todo claro, se meten en la cama.
Su actividad consiste en vacilar.
Su frase preferida es: aún no está listo para la sentencia.
Así que, si elogian la duda,
no elogien
la duda que es desesperación.
¿De qué le sirve poder dudar a aquél
que no puede decidirse?
Puede equivocarse al actuar
aquél a quien le bastan pocas razones,
pero se queda inactivo en el peligro
el que necesita demasiadas.
¡Tú, que eres un dirigente, no olvides
que lo eres porque has dudado de los dirigentes!
¡Así que permite a los dirigidos
que duden!
Bertol Brecht
Traducción de Vicente Forés, Jesús Munárriz y Jenaro Talens
Mínimas alteraciones en su tropicalización por Paiki, con la gran ayuda germánica de V.
salud(ud)os(os)
martes, junio 17, 2008
jueves, junio 12, 2008
I´ve got exam tomorrow. I´m not interested at all, rubbish bussiness class, it´s not even part of my degree, ath this point i don´t even care about my degree, it´s a shitty degree in a shitty pretensous University which is part of a disgusting elitist academic system to distract the youths, still a good way of living for a while, fortunatelly the town is such a nice a and sunny place; keep meeting people from all around, kind of made me used to say good bye, hate to say good bye still, i see it as a part of a process to get detached from people, then from objects, sometimes it seems that for most of the people is harde to get detached from objects, quite comprehensible in a way, they tend to be less problematic; at the end of the day, the last thin i intend to get detached of is my own life; not in a suicidal mannera of course, it´s just that i reckon that it´ll get to a certain point where i´ll get to realize that i´m not owner of my own life; suppose that i´m still too young to believe that; hate feling young, rahter feelin old thant young, in the little world i´m immersed to, there always are symbols of supperiority, male-female, white-indian, rich-poor, among others, basic and notorious they are, never really fancied any of those, too basic for me, not very relative to the matter; anyhow age has been a standard for my own, that’s what i get so surprised when i see the elders as common tossers, hunting the basic satisfaction of childish desires, i am part of that as well, actually i´d say i´m quite hedonistic in a very wide range of my life: booze, weed, sex, tea, coffee, cigaretes, recognition, food; shit people should really be careful with these last two; is just as disgusting to see some one looking for recognition for recognition as someone ob(s)essed in the food for the food, although we all fall for these temptations, there’s a point where is just grotesque, therefore hilarious, maybe part of a very basic morbid instinct, as watching a wild animal tv show, when the beast runs desperate for its food, running after the victim of nature, that´s how i feel with quite a lot of people around here, watching the mexican politians is such a laugh, in a ver dark sense of humour.
I like to get disconnected of everything for a certain period of times, the length of each period variates, “getting disconnected of everything” how funny innit? As if it were possible; in the last five years i´ve sort of abandoned every place, sometimes i feel as if some kind of very ugly reality, with the eyes of the bottom of an ashtray and the breath of a puked toilet, is waiting to give me a good look into the eyes, straight at me, and i´ve just been running away from town to town, messing up other peoples lives, meeting, forgetting, chatting, celebrating, snogging, confessing, talking, knowing, shagging, arguing, forgiving, crying, laughing, smoking, traveling, dancing...and the i just disapear, sometimes everyone disapears, sometimes the places disapear, no matter how, the present fades out in a very explicit way, turning everything around once again, erasing everything and then setting it up in a similar panorama, like wind erasing drawings in the sand; the weird bit is that this time i don’t want to get disconnected, for the first time in several years i feel like there’s nothing that’ll surprise or scare me from my little friend “ashtray eyes”, i happen to have a good long term memory, i even used to swear my mum about how i remembered the very day when i was baptised, and different to the big J, i was baptised unconsciously when i was one year old, with the time i’ve started to consider that it might have been product of a picture of my baptism i saw, i also stopped to swear as a prove of a truth and finally, don’t really give a shit about been baptised or not.
I’m not entirely sure of why i’m writing this, or what i’m writing, why is it in english, why is so fucking long and boring, most of the time, it seems to me that every single action has several intentions, that every single action is a statement, consciuss or not, the performer of the act already represents so many things, but the act itself, so magical and unique, with such a specific audience limited by time and space; sometimes i get tired of this, trying to get or understan the message behind every little action, it doesn’t even make sense, it just gets me really paranoid about so many little stuff, although it also get me so many beautiful moments, that are mine and no one else’s. I suppose that is a part of why this text is coming up to the anonymous virtual personality of mine, i don’t understand a fuck, and i've got exam tomorrow.
.saludos
that’s how it’s been in the city,
that’s how it’s in the nation
[no capital letters]
.
Between us there is no west nor east,
we are no centre,
there’s only the thickness of your fist;
not even talk about heaven or hell.
We flow like rivers
but directionless,
we won´t end or fly,
‘cus we’ve not even begun.
Come to you flawless
as the nothing
I [ ] am
intending to evaporate
with
u
o
y
.
Deliberating
Deliberate
Deliberated
Liberate
Libérate
Líbrate
Libra
libra
Libera
-nos.
P.S. I miss you.
viernes, mayo 23, 2008
sábado, mayo 03, 2008
¿hasta qué punto se hace consciencia de que cada acción es una declaración en distintos niveles? ¿en qué medida se correlaciona la dimensión del acto con el grado de interpretación?
¿cómo es que llegamos a sentirnos materia observada?
en el soplar del viento viene el juicio, uno frío que golpea el rostro y congela.
"we want to be free! we want to be free to do what we want to do! and we want to get loaded and we want to have a good time! and that´s what we´re gonna do...we´re gonna have a good time. we´re gonna have a party."
con trompetas se sopla el viento, al menos por un instante.
(hasta que aguanten los pulmones)
saludos.
martes, abril 29, 2008
La mayoría de edad suele ser un momento añorado por un infante, un puberto o abnormal, para mi los 18 años significaban problemas, me valía madre la credencial de elector (a la fecha ese sentir no ha cambiado) y las bondades que esta implicaba, la licencia de conducir era prescindible ya que desde los 16 obtenías el permiso de conducir sin exámen, cuestionamiento o pedo alguno, de hecho, es partir de esta fecha cuando se encendió una cuenta regresiva hacia el gran uno y el ohco; sin embargo había algo que esos números llamaran mi atención como un secreto deseo, la posibilidad de tatuarme o hacerme un piercing, y no es que ahora sea un fanático del dolor o las orejas a manera de dinosaurio metálico, pero esa sencilla posibilidad de decidir podía llegar a poner en la balanza al nuevo ciudadano ante la ley, observado, castigado o el puberto sin complicaciones pero que no tiene ni siquiera, la capacidad de alterar su propio cuerpo.
Ahi sigue la balanza.
.saludos
lunes, abril 07, 2008
...what makes a fact authoritative is not merely a resemblance to "nature" but rather the robustness of the social interests that can be enrolled in its support.
Bruno Latour, Cari and Hayden, Callon and Law.
Falacias científicas, que destino nos tiene la academia? Y de ahi pa´l real.
saludos.
domingo, marzo 23, 2008
El tedio del diario cotidiano, la megaurbe esta cansada de su gris dia a dia, en el norte se atisban fabricas y casas por monton, sobre los cerros que marcan el fin de la ciudad y el principio de sus dormitorios se tiende una manta irregular de pueblos vivos y olvidados, los acueductos de luz conducen a minima o nula velocidad a los habitantes de aquel rutinario lugar, en el que el trabajo se convierte en una necesidad mal satisfecha, las horas en el transporte se dejan de cuestionar, en general, las breves horas se dejan de cuestionar.
Allá en el sur la cosa es ligeramente distinta, el transito todavia tiene horarios, las actividades ofrecidas se amplían considerablemente, las fabricas se guardan para abrir puertas de universidades y zonas turisticas, zonas de bares inaccesibles para la mayor parte de la población y su deslumbrante, largo y respectivo etc.
Asi viven, en la otroriedad de la misma ciudad, esperando aquel momento en que accederan a un clima mas amigable, sabiendose odiados por el resto de un nación forzada, encapsulada y xodida. Ai van, sin importar la zona, lo capitalinos abarrotan las salidas para abarrotar ciudades turisticas, para sufrir el mismo trafico pero a unos 8 grados mas, a encimarse unos sobre otros como en el metro, pero con las chichis pendiendo de diminutos bikinis y con blancuzcas piernas que contrastan con los morenos brazos y rostros de sus dueños, mostrados con orgullo sobre chanclas de plastico que suplantan al calzado cotidiano.
Algunas familias buscan la exclusividad y la fotografia ideal en complejos mas costosos, de igual manera, los jovenes se siguen presentando en las cursis y retrogradas discotecas que promuven el clasis/racis/mo desde pedestales encadenados, engelados morenos orangutanes discriminan a engelados morenos mientras promueven la anorexia y una sutil y pasiva prostitucion a cambio del acceso al inmueble.
La musica es lo miso, el clima insportable, los mismos autos enfrascados en vias mas pequeñas, las mismas chichis sostenidas, los mismos engelados a base de alcohol, los mismos orangutanes, la misma mierda, todos buscando escapar.
Pff!
.saludos
sábado, marzo 15, 2008
jueves, marzo 13, 2008
La palabra "zócalo" proviene del término arquitectónico que refiere a la base que soporta una columna u obelisco.
En México se comenzó a llamar Zócalo a la Plaza Mayor en el centro histórico de la Ciudad de México, ya que debido a inestabilidad política, se interrumpió la construcción de una columna en el centro de la plaza, lo único que se logró montar fue la base y el argot popular adoptó el nombre delZócalo. El término se esparció por el resto del país.
Actualmente se suelen identificar los Zócalos por que concentran al Estado, Iglesia, Comercios (inversión privada) y las casas de los gobernantes/poderosos/ricos del lugar.
El Z(z)ócalo estático y lo que en el se concentra, es el constante recordatorio de la columna que nunca se contruyó. La aceptación del proyecto inconcluso sólo imposibilita el hecho de que se culmine la columna.
sólido, frío, cuadrado, invisible.
Necesario?
.saludos
Random, termino utilizado frecuentemente para describir fenomenos, prdocutos, situaciones, etc, que suceden aleatoriamente.
Creo que lo random no existe, todo tiene una serie mutlifacética de razones y factores, una explicación, una justificación y hasta planeación previa en caso de ser posible.
Sin embargo creo en pequeños pensamientos que flotan en la aleatoriedad del plan. Todos contemplados por el plan, nunca originales.
.saludos
domingo, marzo 02, 2008
Ella llega a Puebla, viene a un congreso de Derecho en la de las américas (con minúscula) junto con un pequeño grupo suburbial. Con el entusiasmo de descubrir la otroriedad de la provincia en el fondo de sus vasos, aceptan bebidas gratis de un ajeno con ostentosa apariencia. El se presenta a si mismo como alguien que proviene "de todas partes. Sólo estoy haciendo parada en Puebla para un biznes".
-Acompañadao de dos hombres que portan armas, se esconden bajo lentes oscuros y dimensiones correspondientes al eslavón entre el gorila y el temible animal jalagatillos(presumiblemente). Muestra una pistola y como el arquetipo de la narrativa breve, roba a la dama para ponerla en su carroza, que en esta ocasión se adapta a una camioneta pick up, el ostentoso que previamente había sido celebrado confiesa que su 'biznes' es el tráfico de drogas, toma a tres del pequeño grupo y por supuesto, a la dama. Abandonan el lugar.
-La camioneta se escabulle entre los autos velozmente, los gorilas apuntan con sus pistolas a los jovenes y atemorizados acompañantes, el ostentoso maneja, una señora en un auto compacto de más de dos decadas en circulación cruza lentamente, ella temen, ellos temen, el ostentoso rie, los gorilas se esconden bajo sus lentes. Trak! El auto viejo vuela con la señora en su interior, da giros por la calle, el ostentoso cambia el lugar con uno de los gorilas, "te vas a tener que echar la culpa" lo sentencia mientras le da dinero al temeroso grupo para pedir un taxi, unos cuantos se acercan para impedir que escape la camioneta, esos pocos se incrementan rápidamente hasta convertirse en una gran masa de gente enfurecida, desconcierto.
-Ellos corren, se alejan del ostentoso y de la multitud, sin embargo los taxistas se rehusan a subirlos. un autobus accede, ante la condición, "te voy a llevar hasta ahi, pero subanse rápido"; para, ellos cargan una botella de whisky en la mano, inmediatamente los detiene una patrulla, por 600 pesos no sólo ignoran la supuesta falta a la ley, sino que también los lleva a su hotel, que sigue estando en Puebla.
Sucedió. Ayer.
saludos.
viernes, febrero 22, 2008
Le temo a mi propia insuficiencia, culpo en parte, a una academia que gradúa ineptos, titula analfabetos socialmente aceptados y de paso, hace mucho dinero. Culpo también, a la apatía generacional, la veneración por la televisión, la ropa, el sexo, el alcohol y las drogas. Culpo a esta entidad estatal que compra revistas de "sociales" y emite un racismo fuerte y tolerado. Finalmente culpo a La hueva, estado de animo nacional que se adapta a las comodidades individuales y que yo, comodinamente, adopto ahora como estado de animo.
saludos.
La memoria es una puta. Individual o colectiva. Puta bien aprovechada por los oportunistas. Puta ella que se va con el que le acomoda, para a veces nunca volver. Puta del tiempo y del espacio, a veces costosa y otras no tanto. Ahi anda, paseandose, enseñando las piernas y el escote, siempre se vende con sus mejores vestidos.
Procura no enamorarte de ella.
Saludos.
miércoles, febrero 13, 2008
Me pierdo en la búsqueda y me lleno de incertidumbre mientras camino en círculos, solitario me rodeo de compañia, transito por calles frías que a un paso de la sombra se convierten en verdaderos infiernos, cruzo las paredes de la burbuja para tener un pie en cada lado del subplaneta que me contiene de momento, soy un nómada hogareño, un pervertido de clóset abierto; soy un clasemediero con vida de burgués y culpa de ladrón, un ego daditativo, mano que se estira para acariciar y se voltea para pedir; requiero de atención como una mascota, pero domesticación es sólo una falacia, soy una bestia con lentes de aumento, amoral invasor de la provincia persignada, amante racional, falo lector, observador de un mundo que se representa como una obra de teatro, tan falaz, tan enmascarado, tan real.
Ahora...yo seré la pausa que respira.
suspiro
[
]
.eso es lo que tengo que decir
saludos.
lunes, febrero 11, 2008
jueves, febrero 07, 2008
Un país de casi 120 millones de personas, cuenta con una de las mayores extensiones geográficas del mundo, una de las economías con mayor crecimiento a nivel Latinoamérica, rico en recursos energéticos; democrático, aunque políticamente inestable, contenedor de las mayores riquezas a nivel mundial, de la misma manera que de las mayores miserias, contrastante por naturaleza, segregado y centralizado, católico en esencia, mediatizado con el tiempo; un país de naturaleza ilegal, basado en migración ilegal, plantación, producción y tráfico de drogas, enriquecimientos ilícitos, corruptela burocrática, policíaca, política, eclesiástica, judicial y civil.
saludos.
viernes, febrero 01, 2008
Bajo la paranoia bicentenal, en un coctél de segregación, donde las condiciones son óptimas para la predicción que tropieza en lugar común pero peligra con caer en la zanja llamada certeza, Mcluhan lo advirtió allá en el norte de la gran urbe hace unos años. Somos la minúsucla partícula que devela la ondulante tela-nación y sus malabares.
Las edificaciones pierden a sus últimos creyentes, el barco se hunde y los capitanes se reparten el tesoro, la tripulación resiste en silencio, olvida su remo y menosprecia el oleaje, otros pocos aprovechan que el agua alcance los collares para sumergirse a husmear los tobillos, esos pocos buzos les ven los calzones argumentando rescates de ahogados.
Ya lo atisbaba Reyes hace casi un siglo, desde entonces, sus símiles buscaban los títulos y no la vocación. Con el tiempo todo lo ha justificado la S subrayada verticalmente, se ha ganado la aceptación social, a pesar de ser símbolo del derrumbe de los intereses por aquellos que la comprenden y sumisamente veneran.
En estos eternos círculos, se repiten los zapatos, yo estoy en los de aquél que voltea al cielo previo al cagoteo de la paloma, fracciones de segundo anteriores al impacto, el desafortunado observador contiene una lágrima tan grande, que es necesario tragar, una lágrima previa al ineludible contacto.
saludos.








